lunes, 25 de junio de 2012

por debajo de la falda



si usted tiene la fortuna
de observar por debajo de la falda
de una bella señorita

y si por fortuna
esa bella señorita
tiene piernas muy blancas

podrá encontrase entonces
(y para esto se tendrá que disponer
de ojos sumamente sinceros)
con delicados hilillos arrugados
                       como versos

si usted tiene tamaña fortuna
                      de verlos
no los fotografíe

escriba un poema

miércoles, 20 de junio de 2012

Esta paranoia



Esta paranoia feroz que se relame de sólo verme. Esta paranoia dionisíaca y precoz que se ilusiona cuando me despido, cuando me voy, cuando pierdo algo. Alguien, es decir. Es decir que se le cae la baba de sólo pensarme en soledad  y me imagina sentado en un  bar tomando un licuado de frutas solo, o yendo al cine a ver cualquier cosa solo, caminando por las peatonales solo, en mi habitación solo, en mi cuaderno solo, en mi cabeza solo. Porque esta paranoia es así; hambrienta de mí. Deseosa de mi voluntad. Esta voluntad que parece prestada, alquilada, encontrada, en fin, que no es mía. Esta voluntad presa perfecta para esta paranoia que me asfixia, me consume y me hago líquido, me diluyo entre las cosas, ente los autos y remises y remisiones. Me remito a mí mismo. Me contemplo y veo esta paranoia como imagen verdadera, segura, cierta, e inalterable. Y me hago moto, me hago ruedas, me hago aniquilación. Pero esta paranoia persiste en su relamida y sigue imaginándome en cada avatar mío y sigue construyendo mi existir. 


viernes, 1 de junio de 2012

Enano colorado



Anoche soñé con un enano colorado. El enano colorado me indicaba la ubicación de una librería desconocida. ¿No es la del bajo? le preguntaba. No, me contestaba, es por acá, y me llevaba por un lugar más bajo que el bajo. Yo estaba emocionado; una librería tan marginal me figuraba una mina de oro.
Una vez en el lugar, el enano colorado me mostraba algunos ejemplares insólitos, entre ellos una especie de periódico, por lo menos con ese formato, todo con relatos y crónicas de Roberto Arlt, ¡y yo lo despreciaba!
Me desperté y sólo después de recordar el sueño me vino el terror; ¡cómo pude tener tan cerca a un enano!   




(micro marginado de enanos  escondidos)